Llarena y Fernández, a un parpadeo del podio en Roma

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En un día el ojo humano parpadea entre 14.000 y 19.000 veces. Son movimientos rápidos, imperceptibles, valga la ironía, para el ojo ya que se producen a tal velocidad que apenas necesitamos 0,3 segundos para abrir y cerrar los párpados. Poco más se puede hacer en ese brevísimo espacio de tiempo que no es nada… o lo es todo, porque ese ha sido, exactamente, el margen que ha separado a Efrén Llarena y Sara Fernández de conseguir su primer podio en la presente campaña del ERC en un Rally di Roma Capitale en el que han protagonizado una preciosa y emocionantísima pugna hasta el último metro con la dupla húngara formada por Norbert Herczig y Ramón Ferencz.

Roma, la Ciudad Eterna; esa a la que, dicen, conducen todos los caminos y que en tiempos ya muy lejanos fue la capital del mundo conocido. Allí, donde en 1960 el etíope Abebe Bikila nos dejó una imagen tan eterna como la de la propia ciudad al imponerse en el maratón –los primeros Juegos de la historia con cobertura televisiva en directo y, también, primera edición de los Juegos Paralímpicos– y convertirse, descalzo, en el primer campeón olímpico negro africano y donde Muhammad Ali, todavía con el nombre de Cassius Clay, forjó el primer peldaño de su leyenda al colgarse el oro en el peso semipesado… en Roma, en fin, donde tantas cosas han ocurrido a lo largo de su milenaria historia, Efrén Llarena y Sara Fernández rozaron la enorme gesta de darle al Equipo Grupo Farma10 su primer podio continental del año, un logro que, visto lo visto en Italia, llegará más pronto que tarde.

Inicio prometedor

Nuestra estrategia en Roma pasa por salir con un buen ritmo, yendo al 90% para evitar cometer errores y, a la vez, ver dónde nos situamos y, a partir de ahí, evaluar hasta donde podemos llegar”. Así explicaba, a pocas horas de iniciar su andadura por las carreteras próximas a la capital italiana, el propio Llarena cómo tenía previsto atacar su primera carrera en asfalto con el Škoda Fabia.

Detalle, este último, tremendamente importante. El burgalés, tras el cambio de coche protagonizado el pasado invierno, había demostrado ya su gran capacidad de adaptación tanto en Polonia, primera puntuable del año; como en Letonia, donde rozó el podio. Ahora, más o menos, tocaba volver a la casilla de salida. Tras hacerse uno y trino con su coche sobre tierra, era el momento de que Llarena y Fernández hicieran lo propio sobre el asfalto de Roma.

El primer día ya fue una clara muestra de que la dupla del Equipo Grupo Farma10 no habían venido a Roma a maravillarse con su Coliseo, su Fontana di Trevi, su Foro o su Vaticano. Ellos habían venido aquí a correr y eso es, precisamente, lo que hicieron desde el primer momento.

Cierto es que necesitaron los primeros tramos para terminar de cogerle el feeling al coche, pero ya en la parte final de la jornada del sábado quedó muy claro que Llarena y Fernández iban a estar completamente metidos en la pelea por el podio, terminando el día en quinta posición a 16 segundos del tercer escalón y a poco menos de 40 segundos de Crugnola y Ometto, claros líderes en casa.

Domingo mágico

Lo que el sábado pareció un arranque prometedor se convirtió en una clara realidad en la jornada matinal del veraniego domingo de Roma. Llarena y Fernández se quedaban a sólo tres segundos del scratch en el primer TC del día, en el que ocuparon la tercera posición; mejorando una plaza en el siguiente tramo. Tras ese tercer y segundo puesto… sólo quedaba una progresión posible y, efectivamente, Efrén Llarena y Sara Fernández dominaron con rotundidad el TC9, tercer sector del día, marcando un scratch que, además, les sirvió para colocarse en tercera posición de la general.

Quedaba por delante una papeleta complicada. Las diferencias, muy ajustadas, no permitían echar mano de la calculadora y no había otro remedio que pisar a fondo el acelerador, asumiendo todos los riesgos preciosos para mantener lejos a Herczig y Ferencz, que, como la dupla de Grupo Farma10, también iban de menos a más en Roma.

Al inicio de la tarde, Llarena ocupaba la tercera plaza con un margen de sólo 9.7 segundos sobre los húngaros. Final de infarto, que diría el clásico. Una pelea de gladiadores, como aquellas que paralizaban la Roma antigua, solo que en esta ocasión la arena del Coliseo se sustituyó por el asfalto gris de las proximidades de la capital.

Un final de infarto

Tras el duodécimo tramo, penúltimo de la carrera, la distancia quedó reducida a sólo 5.5 ante el empuje de Herczig y Ferencz. Llarena, como explicó nada más terminar su participación en Roma, “llevaba los neumáticos al límite”, pero ni siquiera eso le impidió apretar al máximo. Paró el crono, en 11:38.9 y bajo el sol transalpino, los segundos comenzaron a pasar, cada vez más lentos, tan atronadores que hacían incluso callar el rugido de su Škoda Fabia todavía encendido.

“No sé el tiempo que harán Herczig y Ferencz, pero les felicito de antemano si son ellos los que suben al podio. Llevábamos las ruedas al límite. Lo hemos dado todo, ahora sólo queda esperar a ver qué pasa”. Llarena sabía que esa falta de grip le había penalizado, pero no sabía, al menos en ese momento, el calibre del castigo.

Llegó Herczig y todos se miraban. Miradas nerviosas. 0,3 segundos. Un parpadeo. El húngaro estalló de júbilo. “Felicidades, gran rally”, le decía, sonriente, a un Llarena que se convertía en el primero en felicitarle. El burgalés terminaba cuarto en Roma. A un parpadeo del podio en su primer rally de asfalto con su nuevo coche. Una diferencia, la del cronómetro, inapreciable para el ojo humano; pero, a la vez, enorme muestra del potencial de una pareja, Llarena y Fernández, que siguen con opciones intactas de cara a un ERC que sólo ha dado sus primeros pasos y que ahora entra en un periodo de pausa antes de volver a arrancar los motores, el próximo 27 de agosto, en el Rally de la República Checa.

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